azúcar
La caña de azúcar se introdujo en Europa de la mano de Alejandro Magno que la trajo desde la India. Fue abriéndose camino paulatinamente hasta el siglo XVIII. En esa época se puso de moda ir a tomar el café, té o chocolate y en pocos años el consumo de azúcar se triplicó. Además, el azúcar mejoraba el sabor, modificaba la textura de los alimentos e intensificaba su olor.
El azúcar se obtiene de la caña de azúcar (el 70%), aunque también de otras plantas como la remolacha (el 30%).
El proceso de elaboración del azúcar pasa por las siguientes fases: cosecha, almacenaje, picado de la caña, molienda, clarificación y refinación, evaporación, cristalización, centrifugado, secado y enfriado y, finalmente, envasado para su comercialización.
Se puede comer tanto crudo como refinado en paquete, en sobres o incluso terrones. Existen distintos tipos de azúcar.
De azúcar crudo, que contiene un mínimo de 99,7% de sacarosa, tenemos el moreno que se obtiene a partir del jarabe de azúcar, el blanco cristalizado y el blanquilla. En cambio, el azúcar blanco contienen un mínimo del 99,9% de sacarosa y es totalmente soluble en agua.
El azúcar crudo tiene un tacto pegajoso a diferencia del refinado. Cuando más seco es el azúcar, más ha sido refinado.
Las persona diabéticas no pueden consumir azúcar pero si que lo pueden substituir por edulcorados sintéticos.
Es un producto que acostumbra a captar la humedad del aire por lo que debemos conservarlo en un lugar fresco y seco, dentro de un pote hermético por ejemplo. Así lo preservamos de la humedad y de los insectos.
Podemos obtener caramelo si lo calentamos por encima de su punto de descomposición y se produce la caramelización.
Cada gramo de azúcar aporta 4 calorias. De todas formas se trata de calorías que denominados vacías porqué no contienen ni minerales ni vitaminas.











